No lo puedo evitar, no puedo evitar sonreir cuando te veo, sentir esa emoción cuando me hablas, no puedo evitar montarme esas paranoias cuando me pongo celosa, no puedo evitar sentirme fatal cuando pienso en tí, cuando pienso en todo lo que podemos llegar a perder por las cosas que pasan, por el orgullo, la indiferencia que pretendemos demostrar, por no arriesgar, por no ser sinceros. Pero esto es así, las cosas seguirán igual, yo seguiré observándote en silencio y tu seguirás tu camino, conocerás a otras chicas y te olvidarás de mí, si es que alguna vez me has tenido en tu mente, y yo, mientras intentare olvidarte, pero antes de empezar ya se que no tengo oportunidades, que eso es imposible, como es imposible que en algún momento este sueño se haga realidad.

un día más, el azar me demuestra que lo que para otros es un rasguño, para mí puede ser el fin y viceversa. que el daño que nos hacen está más en nuestra cabeza que en los otros. que ser fuertes nos permite ser felices, porque si no pueden herirnos, no podrán derrotarnos. todos tenemos talones de aquiles, pues hay que blindarlos porque para el resto de ataques, somos inmortales. eso no significa que no podamos bajar la guardia, porque sin riesgo no hay triunfo, y sólo en las más grandes apuestas se consiguen los más grandes placeres, o los más grandes dolores. sin ellos no merecería la pena vivir. que se guarden los tristes y los cobardes la soledad y los votos de castidad para ellos, porque en el momento en que se apague la vida y no haya luz al final del túnel, comprenderán que han desperdiciado su existencia, y si la hay, tendrán una vida que contar en el otro lado. poner la mano cerca del fuego significa quemarse a veces. pues ardamos si hace falta, o cocinemos los más exquisitos manjares, sin olvidarnos de aquello que, crudo, también enaltezca los sentidos
